Nuestros hijos e hijas son nuestro tesoro, los amamos infinitamente.
¿Qué madre no se desvive por esa persona que salió de sus entrañas, que amamantó, que vio crecer?
Aún hoy, cuando me enfermo, mi madre se desvela por mí como el primer día de “mala noche” que pasó tras mi nacimiento.
Igual ocurre conmigo y mi hijo. Es un amor superior. Así, nosotras y nosotros, hijas e hijos de Dios, somos un tesoro para Él, perlas preciosas que ama y defiende.
Probablemente no alcancemos a entender que Dios nos ame más que nuestras madres o más que nosotras y nosotros a nuestros hijos e hijas. Pero así es. Él también se desvela y se desvive.
Porque Dios no es sólo nuestro Señor, es nuestro Padre.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
| < Anterior | Siguiente > |
|---|

Comentarios (0)