El camino continúa en el punto en que lo hemos dejado para tomar un tiempo y mirar hacia atrás, revisar el equipaje, abandonar los desperdicios y recargar el tanque de combustible de este vehículo en el que tomamos nuevamente el trayecto.
La diferencia en lo que nos queda por delante es energía y la visión. Dejar esa parte de nuestra carga que no nos servirá para avanzar, desechar las provisiones que se fueron pudriendo, nos hace más ligero el viaje.
Recargar nuestro espíritu con la presencia divina nos llena de energía y nos guía.
Esta pausa en el camino es necesaria; retomar el trayecto renovados nos acerca cada vez más a la meta.
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