Nadie dijo que el camino que conduce a Jesús era amplio, llano, fácil… todo lo contrario.
Nadie dijo que no recibirías tentaciones tras toda aquella euforia cuando recibiste palabra del Señor sobre tu ministerio, todo lo contrario.
El camino es angosto, empinado y pedregoso.
Las tentaciones llueven mientras más te aferras a tu ministerio.
De modo que debes actuar como un guerrero, venciendo obstáculos e incitaciones.
Cuando tu ministerio se hace grande, reconocido, recuerda que la gloria es de Dios, no tuya. Cuando por tu ministerio te acercas a la fama y la fortuna, recuerda que nada te pertenece. Jesús nunca se lucró de su fama y de su talento, menos de su gran poder.
No pierdas la visión.
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