Por Jesús somos salvos, sólo por Él y su gran amor, el cual selló con su propia sangre en el calvario.
Cuando lo conocemos, cuando abrazamos su mensaje, cuando decimos sí, creo en ti, creo que eres el Hijo de Dios, que moriste en la cruz y reconozco que resucitaste de entre los muertos para el perdón de nuestros pecados, entonces estamos listos para asumir que por su sangre hemos sido lavados. No lo dudemos nunca: Es así.
Por su sangre hemos sido lavados. Nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a arrebatarnos esa verdad. Si en algún momento tienes dudas, te sientes manchado por tu pasado, recuerda que lo hecho quedó atrás y que ahora eres una nueva criatura.
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