La conversión es un proceso de “rescate” de nosotras y nosotros mismos, en el que somos puestos a prueba por un mundo de adversidades y de “seudo-conquistas”.
Por eso nos dice Pedro que no nos conformemos con los deseos que teníamos en nuestra ‘ignorancia’.
Al conocer la Verdad, esa que es Cristo (“yo soy el camino, la verdad y la vida”), vamos emergiendo con el compromiso necesario de proyectar nuestro proceso de cambio para impactar en quienes nos rodean, comenzando por nuestra propia familia.
Cuando iniciamos este camino, aún impresionante, de la conversión, estamos mudando la piel, estamos renaciendo en el amor de Dios.
Una oportunidad y una bendición que no nos debemos perder.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (0)