Todo lo que nos crea una dependencia enfermiza nos distancia de Dios.
Todo lo que riñe con la vida cristiana nos distancia de Dios.
Todo cuanto llevamos a cabo conscientes de que afectamos a alguien nos distancia de Dios.
Todo lo que hacemos pensando sólo en nuestro placer personal o carnal, nos distancia de Dios.
Cuando ponemos nuestro corazón o nuestro pensamiento o nuestras necesidades en falsos ídolos, nos distanciamos de Dios.
Esos deleites que no pasan de la epidermis son pasajeros, incluso pueden durar un instante. Distanciarnos de Dios nos impide vivir esa plenitud de gozo de la que nos habla la Palabra; es perdernos de la paz, el amor y la esperanza que nos proporciona la vida en el Señor.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (0)