El amigo, el verdadero amigo, es como un hermano, como un padre, como un hijo; va más allá del compromiso intrínseco de la consanguinidad, a ese lo elegimos o nos eligió, y el tiempo nos demuestra y le demuestra la veracidad de la relación.
La lealtad, la comprensión, la solidaridad, la ayuda mutua, el consejo oportuno, la preocupación, el compartir las alegrías y las penas… son muchas las experiencias y los sentimientos comunes, tantos que un hecho contraproducente ni los cambios de la vida, deben echar a perder las cosas. No dejes ir a tu verdadero amigo; no pierdas de vista tantos años compartidos; al menos guárdalo en tu corazón como un tesoro eterno.
Las circunstancias pasan, el sentimiento permanece.
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