Cuando no vemos el horizonte,
cuando el tiempo se escurre como ceniza entre las manos,
cuando no tenemos enfrente más que espaldas indiferentes,
cuando el rechazo nos va calcinando el amor,
cuando las expectativas se convierten en papeles viejos,
cuando la fuerza se desgasta,
cuando vamos camino a ser tan sólo brazos caídos,
justo ahí, hasta donde llega nuestro poder,
empieza la excelsitud de Dios.
Desde lo difícil hasta lo imposible, todo eso es como nada para Él.
Postrarnos a sus pies no nos humilla, nos engrandece.
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