El Señor ha dicho “no te dejaré ni te desampararé”. Él está con nosotros aún cuando no lo reconozcamos.
Dios no quiere tu desgracia, ni la mía, ni la de ningún otro, pero en su infinita sabiduría y en su misericordia sabe cómo transformar el lamento en esperanza, y nos va mostrando su propósito en nuestras vidas.
No demos la espalda a Dios para poder ver su rostro cuando necesitemos su aprobación, no tapemos nuestros oídos cuando estemos buscando una respuesta.
Mis queridas y queridos lectores, Dios siempre está cuando lo llamamos.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (0)