Jesús nos promete un puesto principal en su vida, en su reino.
Nos puede favorecer un trato VIP.
Sólo hay una condición: escuchar su palabra y cumplirla.
No es tan fácil, pero Él nunca dijo que lo sería; todo lo contrario, Jesús nos habló del camino angosto, del ojo de la aguja, del despojarnos de lo material que nos arropa, de decidir a quién serviremos.
Sin embargo, nos promete que si obramos con integridad y seguimos su palabra nos hacemos carne y sangre suya, nos hacemos su familia.
De otro modo, seremos simples visitantes.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (0)