El mensaje que Jesús nos dio con sus parábolas, con sus milagros, con su vida, se resume en una palabra: Amor.
Esa es la esencia del cristianismo, el amar a nuestros amigos y aun a nuestros enemigos.
El proyectarnos en cada ser humano excluido, necesitado, indefenso, vulnerable, para acudir en su auxilio, para extenderle la mano, para ayudarlo, para asistirlo, para obrar con un corazón bueno, humillado y cargado de amor.
En el cristianismo no puede haber espacio para la exclusión ni para la discriminación.
El amor es universal.
Hagamos el propósito de imitar a Dios en esto: Él nos ama tal como somos.
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