“De tus mandamientos he adquirido inteligencia; por tanto he aborrecido todo camino de mentira”. Sal. 119.104.
La Palabra de Dios es viva, actúa e impacta grandemente: te conforta en tu angustia,
te hace meditar en tus errores,
te alienta a perseverar,
te alerta cuando no andas bien,
te instruye sobre cómo actuar con sabiduría,
te dice cómo ser justo, te levanta cuando caes,
te “ubica” cuando estás perdido,
te lleva hasta Jesús.
La Palabra de Dios no es un simple documento, no es una serie de sermones o “boches”,
es ese libro que te enseña a vivir.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (0)