Segregar no es bueno. Rechazar a una persona por no profesar las mismas ideas que uno, es un acto de inmadurez o talvez de insensatez.
Cuando conocemos a Cristo y lo seguimos, el apartar de nosotros a alguien que nos ama, que nos respeta, que nos valora; no dar paso a una relación sana, podría cortar toda posibilidad de que esa persona pueda conocer de Dios, de su amor inmenso y verdadero, y de su promesa real de Vida Eterna.
El verso 16 de 1 de Corintios resume este planteamiento en un par de preguntas sumamente contundentes: “¿Qué sabes tú, oh mujer, si quizás harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizás harás salva a tu mujer?”.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
| < Anterior | Siguiente > |
|---|

Comentarios (0)