Cada mañana digo algo a Señor: "Padre, quiero que hoy te sientas orgulloso de mí". Les aseguro que muchas veces al terminar el día, pienso: "Señor, creo que hoy te decepcioné".
Es que los seres humanos somos tan débiles ante el mínimo estímulo negativo, somos tan imperfectos, que se nos hace difícil controlarnos, decidirnos, actuar conforme al corazón puro y limpio que Dios quiere ver en nosotros.
Mis queridos lectores y lectoras, reflexiono sobre esto y me parece que aunque al final sienta que debí dar más, mucho más, inmensamente más, de todos modos la frase inicial sirve de impulso para que detone en el curso del día, en cualquier momento, como un monitoreo de alerta: "Cuidado con lo que piensas...", "cuidado con lo que estás haciendo..."
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
| < Anterior | Siguiente > |
|---|

Comentarios (0)