La política criolla produce comportamientos imprevistos. Virgilio Álvarez Pina, en su obra “La era de Trujillo, narraciones de Don Cucho”, la considera como una actividad que produce más amarguras que satisfacciones. Los actos de los hombres y mujeres en múltiples circunstancias constituyen sorpresas, en dimensión mayor si son “políticos”, como decimos aquí. La deslealtad se presenta al país como una de las herramientas del político exitoso.
Algunos quieren justificar sus vagabunderías con el criterio de que en política existe “el arte de la conveniencia”. Justifican que una parte de los más aventajados de las administraciones del presidente Leonel Fernández olviden las limitaciones que les imponen sus posiciones jerárquicas en el PLD y se proclamen parciales del precandidato de su preferencia. No se trata de actos de patriotismo, madrugan porque entienden se agota la fuente que les ha dado “fama”, leche y miel, primero en el período 1996-2000 y de nuevo a partir del 16 de agosto de 2004.
Ahora dentro y fuera del PLD más personas saben que los cargos públicos causan adicción. El país tendrá que entender nuevos saltos de chivos broncos que sienten angustia cuando piensan el Gobierno termina en 2012. Joaquín Balaguer escribió en “Las memorias de un cortesano de la era de Trujillo”: El político más ducho es el que tiene la piel más gruesa para repeler los dardos con que lo hostigan constantemente todos cuantos desean desalojarlo de la silla que ocupa, con el único propósito de apoderarse de ella”. Ahora habría que afirmar que en la RD el presidente Fernández es el político más ducho, porque se ha preparado para comprender las veleidades de políticos criollos. En esa materia ninguno lo sorprende.
Lo que vemos explica porqué no tenemos muchos líderes políticos, y porqué el de Leonel cuando se acerca al último año de su tercera administración se acrecienta. En opinión de Balaguer: “Uno de los secretos del éxito en la vida pública consiste en saber esperar. Quien se impacienta, acicateado por sus ambiciones legítimas o no, corre el riesgo de tropezar y se expone innecesariamente al fracaso”.
Lo dijo Baltasar Gracián: “…no hay otro camino que el del valer y el buen juicio, porque en realidad no hay más dicha ni desdicha que ser prudente o imprudente…la ligereza choca de frente con la respetabilidad.. Bien para el país que Leonel no se impaciente. Conoce el camino por el que tiene que transitar.
Héctor Tineo es periodista y abogado
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