En Memorias de un cortesano de la era de Trujillo, Joaquín Balaguer, siete veces presidente del país, expresa el criterio de que para lograr lo que se desea en política es necesario saber esperar, pues uno de los secretos del éxito en la vida pública consiste en saber esperar.
“Quien se impacienta, acicateado por sus ambiciones legítimas o no, corre el riesgo de tropezar y se expone innecesariamente al fracaso. La paciencia y el buen tacto se hallan más ligados en política que en ninguna otra actividad de la vida.
Arquímedes tuvo 30 años buscando la solución de un problema físico y el día menos pensado se lanzó a la calle gritando: ¡Eureka¡ por haber acertado en descifrar el enigma que le inquietaba. Quizás nadie ha expresado esa gran verdad con agudeza tan incisiva como el prócer argentino José de San Martín cuando sintetizó el fracaso de la vida pública del general José Miguel Carrera en esta frase punzante: “Hombre sin espera que todo lo sacrificó a la ambición.
Por haber olvidado esa cualidad preciosa en un hombre público, tanto él como varios de sus hermanos pagaron ese error, primero con el repudio popular y después con el cadalso”. La experiencia de más de 70 años de vida pública lo convenció de que las enemistades políticas son siempre circunstanciales. El distanciamiento en política no suele ser hijo del odio ni de la pasión sino más bien del desconocimiento y de la falta de comunicación personal entre enemigos aparentemente enconados.
“El enemigo de hoy puede trocarse mañana en el mejor colaborador y en el mejor amigo”. Muchos de los que en 1961 tras la caída de la dictadura de Trujillo, abogaron porque se le condenara a la degradación cívica, se convirtieron más tarde en sus partidarios más apasionados. “El caso de don José Aybar Castellanos, uno de los líderes de la Unión Cívica”, que lo combatió con más ahínco llegó a ser años después el más acérrimo propagandista de su credo político.
“Hubo miles como él que empezaron execrando mi nombre y terminaron exaltando hasta la hipérbole mi labor como jefe de Estado. Muchos hacen alarde de su adhesión política y en un momento dado por cualquier razón se transforman en enemigos acerbos”.
Esa es la naturaleza política. En cada político hay un Yago, pero hay también un Juan Isidro Pérez de la Paz, quien al ver a Duarte en peligro de muerte acude a él para decirle: “Sé que vas a morir y vengo a morir contigo”.
Héctor Tineo es periodista y abogado
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