En la Guerra de Restauración (1863-1865) Gregorio Luperón enseñó a las tropas: en el frente de batalla el soldado que actúa en el momento oportuno acelera la victoria. Si no, suma para el éxito del ejército enemigo.
La organización de sus tropas en la batalla de Santiago, el 6 de septiembre de 1863, impresionó a los jefes militares del Gobierno de la Anexión.
Tomó las previsiones para vencer a un enemigo que tenía más recursos militares.
Los oficiales tenían instrucción para actuar en Santiago sin duplicidad de esfuerzos. Cada uno conocía sus límites y cómo alcanzar el objetivo. Como militar veía lejos.
En política no actuó a tiempo. Con la oportunidad de impulsar transformaciones, creó el escenario para que se minara su liderazgo, caso raro en la política dominicana.
En la Guerra se distinguió como la principal figura militar. Luego de derrocar el Gobierno de Cesáreo Guillermo, el 6 de octubre de 1879, fue juramentado presidente provisional.
De inmediato inició la reorganización de la administración pública y logró una reforma constitucional conforme a las ideas liberales que sustentaba el Partido Azul.
Estableció en dos años el período presidencial y la no reelección. Se quitaba presiones políticas y daba la oportunidad a otros hombres del Partido que aspiraban a presidente.
A Gregorio le siguió monseñor Fernando Arturo de Mériño (1880-1882) y Luperón apoyó entonces a su hijo político y militar, Ulises –Lilís- Heureaux (1882-1884) Aunque, como dijo Luperón, gobernó democráticamente y cumplió con el partido, aprovechó su primer período para formar su base política y militar.
En la próxima convención impuso como candidato presidencial a Francisco Gregorio Billini al derrotar a Casimiro de Moya, candidato de Luperón.
Consumado el hecho, el prócer lo único que pudo hacer fue acusar a Lilís de cometer fraude electoral. Billini vivió una experiencia difícil. Lilís, con la complicidad del vicepresidente Alejandro Woos y Gil, provocó la renuncia del presidente. Asumió entonces la presidencia Woos y Gil, lo que aprovechó para crear las condiciones y dar el último golpe en la próxima convención del Partido Azul, cuando Lilís se impuso como candidato presidencial pese a la oposición de Luperón.
Instalado de nuevo en el poder rompió de manera definitiva con el líder y lo mandó al exilio. Luperón no advirtió a tiempo las ambiciones de Lilís. Tampoco cuidó su liderazgo. Perdió República Dominicana.
Héctor Tineo es periodista y abogado
Comentarios (0)