El sábado 30 de enero vimos las ruinas del terremoto que devastó a Puerto Príncipe y otras comunidades. De Santo Domingo a Jimaní, y de allí a la capital haitiana.
De la carretera se ve el deterioro del ecosistema. El lago Fondo toma parte del espacio de la carretera. Haitianos rellenan con material rocoso que extraen de la cordillera. Las aguas dañaron oficinas de la Aduana dominicana. No vimos pájaros en tierra ni volando.
Tampoco perros ni gatos. Ni árboles en las lomas. En los llanos de Fond Parisien y Canthier hay conucos de subsistencia. Un grupo de empleados de Edesur encabezados por su administrador gerente general, licenciado Lorenzo Ventura, y la integrante del Consejo de Administración, doctora Iluminada Ventura, quedaron impactados por el deterioro ambiental. Llevaron alimentos y medicamentos al Hogar María Auxiliadora, de Puerto Príncipe.
Pasamos puentes sin ríos. Se secaron. En Fond Parisien y Canthier, la mayoría vive en condiciones de pobreza.
La agricultura no cubre la demanda de alimentos. El Gobierno instaló carpas para damnificados. Desenvuelven la vida en condiciones difíciles.
Los comedores económicos dominicanos les suministran el almuerzo. Jóvenes y adultos agradecen la solidaridad. Puerto Príncipe quedó en ruinas.
Han quitado escombros de las calles, pero los edificios y casas están como cayeron, incluidos inmuebles del Estado como el Palacio de la Presidencia de Haití, y el Palacio del Parlamento.
Grupos buscan objetos. Suben a las ruinas y se llevan los que alcanzan sus manos, pero no se interesan por los cuerpos sepultados.
Nadie presiona para levantar las ruinas. Cuando eso ocurra el mundo se enterará de que la cifra de los muertos es mucho mayor de la que tienen las autoridades: 212 mil.
Haití necesita ayuda urgente para llevar a lugares seguros a los damnificados, afrontar el deterioro ambiental, y levantar los escombros que sepultan a muertos que nadie llora.
Se impone adelantarse a los días de lluvias, pues si eso ocurre el mundo podría ser despertado con una tragedia sanitaria que sufriría la humanidad. Duele que desalmados desvíen alimentos para venderlos cerca de las carpas.
Héctor Tineo es periodista y abogado
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