Nuestras autoridades, conjuntamente con toda la sociedad, se encuentran altamente preocupadas por todos los eventos que a diario nos sorprenden dentro de nuestro medio. Ampliar la mirada y dar un vistazo al mundo nos muestra que estos acontecimientos negativos también se están efectuando en otros países.
Estamos atravesando una gran crisis moral, económica, de valores, donde la mayoría de los individuos, hoy, no saben qué hacer. Si tuviera que elegir un punto fuera de mi país hacia el cual dirigirme con mi familia, se me haría muy difícil.
Los hechos de violencia callejera e intrafamiliar son motivo de estudio para todos. Hemos insistido desde hace tiempo, a través de este medio, sobre la necesidad de retomar nuestros valores, rescatar las familias y, sobretodo, la importancia de éstas para el buen funcionamiento de una sociedad. La frase “familias sanas aseguran sociedades sanas” también la hemos resaltado en más de una ocasión, ya que es indiscutible que el deterioro o daño de estas repercute totalmente sobre la otra.
Hace unos cuantos días vimos cómo un grupo de ciudadanos y ciudadanas vestidos de negro, los cuales han sido víctimas, directa o indirectamente, de actos de violencia, se lanzaron a las calles en protesta por “ya no más violencia”. El momento histórico que vivimos nos permite a todos la oportunidad de colaborar y trabajar individualmente con estos problemas.
Medios de comunicación, iglesias, escuelas, clubes sociales, juntas de vecinos y las falimias deben colocar su grano de arena para que, como hemos visto en nuestra historia, a través de la cual hemos vencido grandes desafíos, podamos eliminar la violencia que nos rodea y, con ello, apoyamos nuestras autoridades.
La autora es psicóloga
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