Los niños son como una esponja, se van llenando de lo que les pongas en su medio ambiente. Muchas veces las conductas citadas como no acatar órdenes, incapacidad para compartir con otros niños, dificultad para desarrollar asignaciones en la escuela; se deben a la falta de orientación adecuada, normas y límites adecuados y, sobre todo, ambivalencias entre los padres, es decir, desacuerdos al momento de establecer las reglas y definición de fronteras de lo que está permitido o no.
Por el contrario, si todo está bien en el hogar y, desde pequeños, han manifestado dichas respuestas, entonces podríamos tener presente alguna dificultad que esté impidiendo su desarrollo en forma sana y adecuada. Es aquí cuando los padres deben buscar ayuda profesional a través de un psicólogo que se encargue de orientarles y remitirles a las evaluaciones necesarias y, por ende, a los especialistas de lugar.
Por lo general, estos niños, en vez de ser ayudados, son etiquetados desde pequeños, especialmente por padres y familiares cercanos, como “insoportables”. Sin embargo, es penoso, ya que los mismos cada vez más suelen deteriorar su conducta generándose en ellos una serie de frustraciones y sufrimientos por no poder responder a las exigencias del medio.
En nuestro país disponemos de instituciones de ayuda a la familia, como: “Pro-familia”, “Instituto de la Familia”, entre otras; que se encargan de dar apoyo y ayuda no solo con este tipo de situación, sino también cuando se presentan problemas que impiden el manejo adecuado de la misma.
En sectores de nivel socio-económico bajo, por lo general, no se acostumbra a buscar ayuda para los trastornos conductuales, con lo que cada vez más los mismos van en aumento y las familias se ven cada vez más afectadas. Es necesario que, por favor, la busquen a tiempo.
La autora es psicóloga
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