“Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer.” (Marcos 6:31)
Hago mención a este texto bíblico, viendo como, el propio Jesús, en su humanidad, invita a los apóstoles a descansar. Si nos remontamos a su época, donde no habían ruidos, ni tapones, ni bocinas, ni mucho menos hombres y mujeres que pareciere como si todos se pusieron de acuerdo para no dejar un minuto de su día que les permita estar a solas consigo mismos, con su familia o sus amigos y la comparamos con nuestro tiempo, imagínense cuánto necesitamos espacio para descansar.
Me comentaba, recientemente, una joven ejecutiva de una empresa, que llevaba días que no podía realizar su almuerzo (apenas pidiendo algo para picar) y tampoco estaba tomando tiempo en la mañana para desayunar, lo que le estaba haciendo sentir agotamiento físico y, por ende, como es natural, un menor rendimiento laboral, aunque estaba haciendo mayores esfuerzos que nunca. La puse a reflexionar sobre el degaste que sufre un vehículo que siempre está trabajando. Así le sucede a nuestro cuerpo.
Se aproxima una fecha, en la cual la gran mayoría de las personas la toma para salir de la ciudad o del país y darse un llamado “descanso”.
En esas llamadas “vacaciones”, ¿descansas o te cansas?, al salir en búsqueda de paz, ¿para hacerlo tienes que buscar recursos económicos donde no hay, dejar una casa descuidada que no te permite desconectar o si, sencillamente, lo haces por el viejo dicho popular “¿A dónde va Vicente?, donde va la gente”.
Es posible que, precisamente por el correr del día a día, tus verdaderas vacaciones sean quedarte en casa con los tuyos compartiendo y haciendo cosas que nunca haces: algo tan simple como arreglar tus gavetas, entre otras.
Es posible que solo te baste para estar de vacaciones con quedarte en la ciudad yendo a lugares que nunca puedes ir y ver personas que nunca tienes tiempo para ver.
Es posible que tus vacaciones y descanso sean llenados con ir al campo con tu familia y les enseñe con ello a valorar cosas pequeñas. Meditemos con los nuestros y organicemos nuestras vacaciones y, por ende, descanso.
Grecia De León es psicóloga
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