“Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo.” (Proverbios 3:1). Empiezo con este versículo bíblico después de consultar diferentes traducciones, considerando esta (Nueva Versión Internacional) la más clara.
Todos, unánimes, queremos para este 2011 poder superar aquellas dificultades enfrentadas durante el año anterior. Las esperanzas y el deseo de lograr levantar y recobrar una serie de cosas que paulatinamente, otras abruptamente, hemos ido perdiendo.
Partiendo de lo que dice la cita anterior, estamos en el “momento oportuno” para que todos, en conjunto, arranquemos con nuestro aporte en todos los ámbitos sociales. Es tiempo oportuno para que uno a uno demos nuestro aporte en el rescate de la nación.
Vivimos en un país maravilloso, donde encontramos sol todo el año (vienen a disfrutarlo de todo el mundo), playas (con un azul tan intenso que los que no las conocen piensan que no es real), montañas donde las temperaturas pueden darse hasta bajo cero; y sobre todo, seres humanos, (independientemente de todo lo que podamos ver) maravillosos y solidarios.
Entonces, empieza el inventario en estos primeros días del año en todo aquello que estás preparado para dar. En las calles: la limpieza, la quietud, el respeto entre los miembros que circulan por ellas; que sea más segura evitando provocaciones, exabruptos, entre otras cosas; pero sobre todo, evitar la violencia, no dejarte provocar y dedicarte a ceder.
En tu barrio, condominio o sector, de igual forma: cooperando y aportando más o menos lo mismo señalado cuando estás en las calles.
Por tu familia: resuelve ese bache que hay con tu pareja, del cual solamente tú puedes ayudar a salir y transformar esa relación, la cual muchas veces por nimiedades se destruye; es solo tuya la responsabilidad y el deber de conducir y mantener normas y posición sobre tus hijos, no importa si chocas o no con los nuevos paradigmas familiares existentes hoy día.
Es obvio que mi vida y, por ende, la de mi familia, está afianzada y depositada en las manos de Dios, tratando de acatar y obrar según Su palabra. Es por esto que quiero exhortar, independientemente de tu convicción religiosa, que deposites tu vida y la de los tuyos en esas manos seguras y firmes.
Grecia De León es psicóloga
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