Al conducir por una de las avenidas más importantes de la ciudad, la 27 de Febrero, mientras el semáforo hacía cambio de luz contemplé un deteriorado carro público paralelo a mi vehículo.
Los cinco pasajeros que iban en su interior, alrededor de las 12:30 p.m. en pleno sol, sudados, apretados e incómodos, al igual que el chofer, que quién sabe las horas que llevaba trabajando. Dirán ustedes que no estoy diciendo nada novedoso, y por el contrario esta escena es nuestra cotidianidad.
Sin embargo, en ese momento me pareció nueva ante mis ojos, ya que fue cuando me puse en su lugar y entendí la desesperación con la que a veces transitan los vehículos y las discusiones que por simplezas se originan en las calles. En estos momentos las principales arterias de la ciudad se encuentran en estado de construcción, las cuales dificultan y casi imposibilitan el tránsito vehicular.
Todo esto acompañado de las más altas temperaturas registradas en los últimos tiempos en nuestro país, las cuales, al igual que las construcciones, originan alto nivel de tensión y agobio en nuestra población.
Por todo es necesario contribuir unánimemente con algo de lo que cada vez carecemos más y que en estos momentos tenemos que, si es posible, fabricar, y es la tolerancia mutua y ceder espacio unos a otros, con lo que facilitaremos la vida de todos. Los seres humanos no somos entes aislados. Por el contrario, nos afectamos de forma positiva o negativa unos a otros.
Es por eso que, empezando por nuestras casas, al salir necesitamos programarnos para enfrentar lo que está ocurriendo en nuestras calles.
Otro componente de suma importancia son las dificultades que ocasionan los apagones en nuestras casas, por los cuales una gran cantidad de la población que no dispone de energía quizás apenas pudo dormir por el calor, y quien sabe si mosquitos durante toda la noche. Parece tétrico este panorama, pero es nuestra realidad. Y sé que muchos de nosotros no hemos interiorizado todo esto que aquí describo.
Tratemos de organizar las salidas evitando, aunque es sacrificio para todos, no movernos si no es necesario, especialmente en las llamadas horas pico, y con esto aportar una gran ayuda a todos aquellos que tienen horarios fijos para llegar a sus lugares de trabajo, y contribuir para una mejor salud física y mental de todos.
Grecia De León es psicóloga
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