Últimamente se ha hecho eco de la necesidad de mantener valores firmes en la familia, donde tanto las autoridades gubernamentales como eclesiásticas y las instituciones que trabajan con la comunidad están de acuerdo en la urgencia de rescatar esta institución que, como hemos señalado en otras ocasiones, es la base de una sociedad. “Familias sanas” debe ser el eslogan principal para el cambio en todos los ámbitos que necesita nuestra sociedad.
Las diferentes situaciones que he señalado en las dos columnas que anteceden a esta, las cuales conjuntamente con otras tantas nos dejan grandes problemas de conducta en los miembros que las componen.
Es por ello que todos a unanimidad debemos trabajar desde nuestras posiciones aportando en lo que nos sea posible para que dicho cambio, sin esperar que sea tal o cual el responsable para el cambio sea posible.
Siempre he considerado la importancia de la prevención antes que la corrección, aunque una vez los males existen, tenemos que buscar la forma de eliminarlos. No obstante, es urgente que se hagan trabajos a nivel nacional que lleven la finalidad de concientizar a las cabezas de familia (llámese a los padres) de lo importante que es la presencia y guía de estos en la vida de sus hijos.
Por ejemplo: - Con los niños de la calle que en todas las esquinas los vemos pedir, trabajar, tirar un paño para limpiar un cristal. Sin embargo pareciere como si las autoridades no han entendido la urgencia de tomar medidas drásticas que envuelvan a los padres con estas situaciones, ya que en el futuro todos somos responsables de las conductas antisociales que los mismos desencadenen más adelante.
– Igual sucede con las familias, como ya he citado, donde los hijos quedan en pleno abandono, lo que genera en estos una incapacidad para tener sentimientos de afecto genuinos, ya que las circunstancias en las cuales estos se desarrollan, sabiendo que son los padres los que se encargan de crear seguridad en los hijos, no se ha facilitado.
Estamos viviendo momentos donde cada día se hace más inseguro el diario vivir. Es tiempo de no buscar culpables o a quién tirar los trapos, sino más bien de unir esfuerzos y buscar convertir este lugar en un mejor país, y esto solo se logra entre todos para el bien de todos. No más indiferencia.
Grecia De León es psicóloga
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