Cuando se presentan catástrofes naturales, las cuales, por mucho que la ciencia haya intentado, no se pueden evitar como la que recién acaba de acontecer precisamente en nuestra isla, pero en la parte correspondiente al vecino país, Haití, todos nos hacemos grandes cuestionamientos con relación a nuestra fragilidad.
Hemos experimentado cómo en segundos queda destruida, casi por completo, una ciudad; lo que ha provocado que todos o casi todos nos sintamos identificados, de una forma u otra, con una misma causa de ayudar en estos momentos a la necesidad por la cual pasa el pueblo haitiano.
Este domingo en la madrugada tuve la oportunidad de recibir en el aeropuerto a unos pastores y médicos de España y Portugal, los cuales en ocasiones anteriores han colaborado luego de catástrofes, como el último tsunami en Indonesia; durante guerras como las de las Malvinas, Guinea y Nueva Guinea, entre otras.
Al verlos, tranquilos y motivados por poder venir a trabajar y ayudar en lo que puedan, les pregunto conmovida: “¿por qué lo hacen?”, y casi unánimes contestaron: “Ellos necesitan de todo y nosotros vinimos a dar lo que podemos”.
Quiero citar las palabras del propio Jesús cuando dijo: “Hay más dicha en dar que en recibir” (Hechos 20:35).
Probablemente has creído que tienes poco que dar, especialmente a los que están cerca de ti; muchas veces a los propios miembros de tu familia, ya que casi siempre, asociamos el poder dar con bienes materiales, sin embargo, si miras tu entorno, seguro hay una fila de personas necesitadas de ti, que aunque no te lo dicen, están esperando todo aquello que tienes para dar.
Conversando con una persona que todos consideraban fría, me hablaba cuán difícil era para él poder expresar sus sentimientos y, mirando hacia el suelo, casi como un suspiro, señaló: “¡Imagínate!, nunca recibí una palabra de afecto o un abrazo de mi papá, solo hablaba conmigo para corregirme”.
Quiero invitarles a que, conjuntamente, hagamos reflexión del inicio de una larga lista de cuánto podemos dar; empezando en nuestros hogares por la persona que te hace la comida, limpia tus espacios, cuida de tus hijos.
¿Te has preguntado qué le hace falta a tu espoa/o, hijos, a los cuales quizás les has ofrecido hermosos regalos, pero solo necesitan tu sonrisa?
Grecia De León es psicóloga
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