La descomposición social que comenzó a manifestarse a partir de la cuarta década del pasado siglo, se ha globalizado a nivel político, económico, social, cultural y religioso.
La República Dominicana no ha escapado a este flagelo mundial, que ha invertido los más altos valores nacionales.
Las instituciones gubernamentales, los partidos políticos, el empresariado, las iglesias y demás organizaciones sociales necesitan responder a la urgente demanda de un comportamiento ejemplar que coadyuve a sanear el medio ambiente en que se desenvuelve esa juventud que serán los líderes políticos, empresariales y religiosos del futuro.
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