Comenta certeramente el viceministro de Ciencia y Tecnología del MESCYT, Diógenes Aybar, que el dominicano es un pueblo naturalmente creativo. A diferencia de otros no nos dejamos morir de hambre, acusamos ingenio y arrojo en la persecución de la supervivencia, basta salir a la calle para comprobarlo.
Desgraciadamente tal potencial no ha tenido el respaldo de un buen sistema educativo. Si nuestros políticos se hubieran decidido por educarnos y promover equidad social en vez de apuntalar el clientelismo, nuestra realidad presente sería distinta.
La política clientelar castra la iniciativa de los pueblos. Acostumbrados al “dao”, se descree en el valor del esfuerzo individual y se renuncia a él a espera de “que gane mi partido”.
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