A la baja humana y material se adiciona el trastorno generalizado en el dinamismo productivo que está provocando la inseguridad ciudadana.
Comercios e industrias ven sus costos elevados; la afluencia a los negocios se afecta; las familias se empobrecen por bienes y servicios más caros y por verse forzadas a comprar seguridad: alarmas, vigilantes, etc. Junto a la elevación de los combustibles, la inseguridad ha sido el principal responsable de la disminución del poder adquisitivo de la clase media durante este año.
La falta de planes del Estado para abordar la problemática a profundidad ha apuntalado la grave situación. A estas alturas ya debería reconocerse que insistir en transitoriedades es igual a postergar soluciones.
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