Hablando de “indignados”, la obra “Cuestión de Dignidad” recuerda que admitir pasivamente la injusticia o la ofensa es admitir en los hechos que merecemos un trato indebido, e instruye en derechos personales no negociables, pro salud emocional.
Estos empiezan por quererse a sí mismos y reconocer qué nos hace valiosos. Muchas veces las personas viven situaciones negadoras de su dignidad y reprimen su malestar interno.
Inevitablemente la contención estallará; un resquicio inexplorado de nosotros relucirá para reivindicar nuestro valor individual: “Hasta aquí llegué”. Las consecuencias pueden ser liberadoras pero también peligrosas. Afianzar la asertividad sobre la prudencia y adecuada reflexión, evita rozar riesgosas reacciones extremas.
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