Nadie quiere morirse, “ni siquiera los que aspiran al cielo, pero la muerte va con la vida”, dijo Steve Jobs en un discurso durante una graduación en 2005, dos años después de ser diagnosticado con cáncer pancreático.
El genio batalló, pero su mal era incurable; sus médicos lloraron al establecer la gravedad del tumor. Se propuso vivir cada día como si fuera el último. Para él, hacerlo era crear cambios.
Revolucionó el mercado tecnológico desde que fundó Aple en los ochenta en una marquesina y así continuó. Enfermo terminal, lanzó el iphone, la ipad, el ipod.
“No pierdan su tiempo viviendo la vida de otros”, aconsejó a los graduandos. La suya siempre será un paradigma.
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