No fue que la novia o el novio se arrepintieron. La estampida de los presentes en la boda celebrada en una parroquia de Santo Domingo se desató en la persecución de un ladrón que penetró a la iglesia y le arrebató la cartera a una mujer.
El párroco informó del incidente y comentó que menos feligreses se congregan en las misas por efecto del temor hacia los malhechores.
Dueños de discotecas de la capital denuncian que el auge de la criminalidad disminuye la clientela calamitosamente; mucha gente ahora evita circular en horas de la noche.
De tan poderosa, la delincuencia ha unificado a dos arquetipos sociales opuestos: mundano y espiritual, en una misma causa de perjuicio.
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