Se contacta vía telefónica a organizaciones de distinta naturaleza y las asistentes del representante procurado casi ni escuchan el nombre de quien llama mientras enfatizan un establecido ¿De dónde? Admito la pertinencia de la indagación hasta por razones de seguridad, quizá.
Pero a fuerza de cómo se desarrolla la práctica pareciera que la atención al solicitante se condiciona estrictamente a identificarlo con alguna organización prestigiosa. Que se le concederá valor no por ser persona con algo que decir, sino en función del lugar social que se le presume conforme aquella pertenencia.
El discreto encanto de la amabilidad se reafirma en los pequeños detalles. ¿Qué tal si al “de dónde” todos respondiéramos “de Macondo”?
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