En el vestíbulo de una compañía, una dama miraba en el televisor una comedia local. El personaje de un locuaz anciano usaba piropos y epítetos groseros al interactuar con la conductora del programa. “Hay un mensaje sutil de violencia en ese cuadro pretendidamente gracioso de un hombre tratando despectivamente a una dama”, comentó la televidente.
La fina observación captó mi atención, allí en gestiones particulares. Cuando la violencia arropa la vida dominicana, ¿es nuestra televisión parte del problema o de la solución? La pregunta debería ser seriamente abordada por el Estado y la sociedad. Toda nación organizada sienta políticas en pro de contenidos en los medios favorables al interés general en una determinada coyuntura.
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