La sociedad dominicana ha superado felizmente la ojeriza moral que en tiempos pasados hacía de la madre soltera. Estigmatizaciones personales quedaron en el pasado; el problema es dimensionado hoy en la objetiva condición de drama humano y social, elocuentemente denunciado por El Caribe en una serie especial publicada esta semana.
Entre el alto número de madres forzadas a criar hijos en ausencia de figura paterna, la mayoría se desenvuelve junto a su prole en un ambiente de precariedad material azuzado por tensión emocional. En tanto, mientras son débiles o ausentes las políticas públicas para protegerlos a ambos, la falta de educación preventiva augura que el problema sea cada vez más inmanejable para el Estado.
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