¿Y qué hace su generación al respecto? ¿Cuál es su propuesta para desterrarlo? Esas serían mis preguntas al presidente del Senado, quien se declaró incompetente frente al clientelismo.
Si un político de su estirpe se limita a “lamentar” el problema y resignarse a que “quién no da se fuñó”, no queda más que apagar la luz el último que salga y cerrar esto que llamamos República Dominicana.
El clientelismo sale caro al país, al que empobrece y atrasa, y a los propios políticos, en tanto encarece más y más las carreras proselitistas. ¿Hasta dónde dará el Estado antes de explotar definitivamente? Indigna la acomodaticia irresponsabilidad entre dirigentes nuestros alguna vez llamados a hacer historia.
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