Si no fuéramos un país donde pocos problemas trascienden el tratamiento mediático o de seminarios, el asesinato de la maestra Lenny Feliz movilizaría alguna revisión de esquemas.
En el área educativa esencialmente. ¿Qué fallas en el sistema conducen a que tres individuos potencialmente violentos ejerzan como educadores, inclusive al mando de escuelas?
¿Se aplican cedazos en la selección de maestros para asegurar la competencia ética a que obliga esa figura modelo? Las autoridades deben actuar sobre estas cuestiones. El horrendo crimen denuncia que acceder a plazas de maestros exigiría mucho más de lo prefigurado.
Amerita no ser estimado como caso doloroso, pero aislado, sino considerarse profundamente dentro de la problemática magisterial.
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