La disonancia cognitiva alude al malestar psicológico devenido de la existencia de incongruencia entre los valores o ideas del individuo y sus acciones.
Contra tal tensión, la persona responde reduciendo la disonancia, esto es, justificando su conducta mediante explicaciones acomodaticias.
Al culparse mutuamente del problema de la pobreza, nuestros políticos oficialistas y opositores se ejercitan en reducir la disonancia manifiesta entre lo que han prometido al país y lo realmente hecho. “Miras veinte años atrás y es la misma película”, declaró recientemente el representante local del Banco Mundial en referencia a que la desigualdad económica sigue en sus trece pese al crecimiento económico.
Film de fracaso acumulado que todos los partidos han protagonizado.
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