La delincuencia erosiona el proverbial carácter servicial y solidario dominicano. En su lugar afloran miedo y recelo. Sabido que la vigente atmósfera de inseguridad ha vuelto raros gestos antes comunes como dar “bola” o un vaso de agua a un desconocido; auxiliar a un conductor varado. Porque ya no somos –no podemos ser- lo confiados que fuéramos.
Vecinos del barrio de Vietnam, de Santo Domingo Este, temían denunciar ante las autoridades y medios informativos la calamidad de tres niños abandonados por su madre.
A la mujer se atribuían vínculos con delincuentes, lo que presagiaba represalias contra quien delatara la situación. Una opción surgió y se contactó a CONANI.
Ojalá la historia termine bien.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (0)