Nos provocan, reaccionamos. Con las muchas circunstancias enervantes en el diario vivir criollo, común que la ira arrastre aún los espíritus más equilibrados en algún momento.
En tanto la ira preludia la violencia, controlarla aporta a la convivencia. Beneficia individualmente. Parecemos funcionar como una sociedad dónde nos hacemos escuchar o respetar conforme más gritemos, insultemos, amenacemos. Mientras, el ambiente se percibe cada vez más cargado.
En lo particular he comprobado que si en actividades o gestiones en “la calle” atizo “el cuchillo en la boca”, se reditúan trastornos. Me predispongo a la calma y hallo mejores respuestas. Me da resultado contar hasta diez y respirar.
Técnica simple pero certera de “enfriamiento”. Para no estallar.
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