Los wikileaks de Julian Assange son una especie de desclasificación desautorizada, fuera de tiempo, de actividades que la diplomacia estadounidense ha practicado históricamente.
El país los recibe con sentimientos encontrados: el rechazo a la intromisión extranjera y la euforia de acceder a información que compromete al poder criollo. Lo segundo parece dominar. A través de Internet los dominicanos se manifiestan.
La gente no se ilusiona con que las puntillosas revelaciones pasen del sacudimiento inicial y la contra negación en reacción. ¿Hay institucionalidad para su verificación independiente? Serán, se intuye, denuncias periodísticas sin consecuencia, en el olvido una vez noticia de periódico de ayer.
Pero Internet testimonia significativamente de qué lado está la credibilidad popular.
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