Hay quienes buscan justificar conductas indeseables en un pretendidamente inmutable carácter o forma de ser: “Hablo mal a la gente porque soy bocón”. “Mi temperamento fuerte me hace agresivo”, etc. Es posición acomodaticia e irresponsable. Uno puede trabajar contra manifestaciones negativas del carácter.
En la experticia de los profesionales de la conducta, en la fe, la educación, tenemos medios para ayudarnos a desterrar aspectos del temperamento perjudiciales para la buena convivencia, eventualmente autodestructivos, por demás.
Depende de nuestra voluntad propiciar mejoras, empezando por reconocer las malas conductas y disponerse a combatirlas. Es lo correcto en un adulto responsable, a menos que prevalezca intención manipuladora.
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