Tan serios como mayormente se conducen los charlistas dominicanos contrapuestos a sus pares extranjeros, quizá no dimensionan cuánto connota el buen humor positivamente.
Representa una de las más altas formas de inteligencia a la vez que una excelente herramienta para cultivarla.
A nivel gerencial, finamente utilizado ayuda a reducir la hostilidad, manejar la crítica, aliviar la tensión, mejorar la moral y a comunicar mensajes difíciles. Esto nunca impuesto sino naturalmente fluido y consecuente con una cotidiana interacción sincera y respetuosa.
Jugar un poco recurriendo a la broma perspicaz, cuidando la delicadeza y el buen gusto, no menoscaba la seriedad. ¿Será vestigio de nuestro autoritarismo el celo que observamos contra el buen humor en escenarios formales?
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