Por obra de condiciones y experiencias particulares, unos tienen mayor propensión que otros a rendirse ante los avatares de la vida. Piensan que nada que hagan cambiaría circunstancias pesarosas.
Esa construcción psicológica les inclina a fallar en la consecución de objetivos y metas hacia su realización y felicidad. Simplemente se dan por vencidos aun sin intentarlo.
Rendirnos sin batallar configura el peor fracaso. Si ante las marrullerías de nuestros políticos, los dominicanos nos abatimos suscribiendo los “aquí no hay nada que hacer” o “sálvese quien pueda”, estaremos dando la respuesta que conviene a sus intereses y ambiciones.
Nuestra indiferencia asegura su victoria. La nuestra descansa en que vigilemos, denunciemos, reclamemos, participemos.
Ganemos.
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