Triste, cómo los dominicanos hemos sido condicionados a aceptar el “mal menor”. Nos resignamos a situaciones irregulares hasta marginar su propia índole problemática. Caso de la corrupción policial dentro de ciertos límites.
Un joven estacionaba su auto en la calle cuando fue abordado por dos individuos con uniforme de policía. Confiscarían el vehículo alegando era robado. El ciudadano se apresuró en mostrarles los documentos, seguro de que ahí se zanjaba la “confusión”.
Incomprensiblemente, los agentes insistieron en su acusación. En breve se confesarían: “Mil pesos y lo dejamos así”. Al saber del incidente, los familiares del asaltado expresaron aliviados: “Por suerte eran solamente policías buscándosela, no delincuentes, por eso no te mataron”.
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