Con la muerte de Elena Bonner, incansable activista de derechos humanos, la humanidad pierde a una mujer de un temple extraordinario que hizo una valiosa contribución para la apertura política en Rusia, en los momentos más decididos de ese proceso. La valiente y solidaria compañera de Andrei Sajarov, premio Nobel de la Paz, padeció destierro y fue una de las voces que con mayor dureza condenó el ataque militar de Rusia a Chechenia en 1994, que calificó de “genocidio” contra su pueblo. Bonner será siempre recordada como una mujer de firmes convicciones que luchó, de forma indeclinable, contra la intolerancia y los abusos cometidos desde el poder. Deja un ejemplo a seguir en la difícil batalla de las libertades públicas.
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