“Tener buen desempeño escolar es cumplir tu deber y no amerita recompensas”, dije a mi quinceañera hija en un reciente diálogo. Creo en estimular obras humanas extraordinarias, no el cumplimiento normal de las responsabilidades.
En la esfera social, el país peca de reconocer en exceso. Se inaugura una obra pública y la costumbre es que la comunidad la agradece atribuyéndola a la personalidad magnánima del Ejecutivo.
La Policía atrapa a un delincuente y llueven alabanzas a su jefatura. Felicitamos al Estado por hacer lo que está llamado a hacer, lastre de su ineficacia histórica para promover bienestar colectivo. Superar este negativo rasgo también va con enseñar a nuestros hijos a no pretender más de lo justo.
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