“El cáncer fue lo mejor que me podía haber pasado”, dijo categórica una gran amiga, recuperada de cáncer de seno, al contarme que la enfermedad fue punto de inflexión que transformó la forma en que conducía su vida personal, familiar y económica. Su temple me impactó.
¿Cuántos de nosotros seríamos capaces de atribuir a una experiencia tan crítica un valor aleccionador y oportuno? A mi amiga, 40 años, madre de 4 niños, la real posibilidad de morir la forzó a redefinir sus prioridades, así como su actitud ante necesidades y conflictos cotidianos.
En su “segunda oportunidad” recibe recompensas insospechadamente gratas, por ocuparse de la felicidad propia a cada día que anteriormente ignoraba o postergaba.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (0)