El miedo es tremendo recurso de manipulación de masas. Hábiles propagandistas, los “anunciadores” del fin del mundo le sacan provecho.
Ahora y antes, el mundo ha sido lo que “advierten” como supuestas señales de los últimos días: cataclismos, epidemias, violencia, destrucción, penuria. Nunca ha sido diferente. A lo largo del valle de lágrimas que es la vida en la tierra, Dios ha provisto sabiduría para superar los males humanos.
Los avances médicos combaten las enfermedades que antiguamente diezmaban pueblos enteros. Sobre tragedias como tsunamis o terremotos se profundiza el conocimiento para enfrentarlos.
Ya ni el sida es el “castigo divino” que se decía. Los hechos refutan la superchería, pero el miedo engatusa y vende.
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