Nuestras comunidades no tienen que resignarse a soportar abusivos niveles de ruido. Residentes de Los Mameyes y la avenida Venezuela han dado ejemplo.
Protestaron y denunciaron a colmadones y negocios de bebidas alcohólicas ahora llamados “drink”, hasta lograr la intervención policial; decenas fueron clausurados por escandalizar.
La esperanza de los aliviados vecinos es que pasado el tiempo no se descuiden las medidas, el acostumbrado talón de Aquiles nacional al ejecutar las normas. Es primordial apuntalar el control preventivo, mediante mecanismos burocráticos eficaces para, previo a su operación, comprometer esa clase de comercios a atender los estándares ambientales relativos al ruido.
Justo que al menos en esta problemática el Estado funcione.
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