Donald Trump, David Figueroa y Dominique Strauss-Kahn comienzan su nombre de pila con la misma letra y tienen además en común el recibir espectaculares tratamientos mediáticos. En lo local o internacional, sus hechos o historias llenan páginas de diarios en términos frecuentemente sensacionalistas.
El primero como empresario millonario y ¿político? generador de ácidas controversias; el segundo como delincuente de altos vuelos y el tercero como rector –ex– del orden financiero internacional, ahora acusado de asalto sexual.
Desde sus separadas realidades aportan los elementos omnipresentes al buen entretenimiento masivo: poder, dinero, sexo y corrupción. Pero los medios están llamados a discriminar realidad y ficción para no alejarse de su rol de informar.
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